
Aunque estamos en pleno verano, la siguiente colaboración, de nuestro Consiliario y Párroco de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles, D. Zacarías Romero Arroyo debe hacernos caer en la cuenta de que la Pascua es extemporánea, en todo momento y en todo lugar.
PASCUA DE RESURRECCIÓN META DEL CRISTIANO
Inmersos en la Cuaresma 2008, nos sumergimos en un clima propicio para poder subir al Calvario, para morir a nuestras debilidades y pecados y Resucitar con Jesucristo, vencedor de la Muerte.
La Cuaresma, quiere ser cada año, un lugar de encuentro con nosotros mismos y ver en verdad donde nos situamos en el camino de la fe. Cuando miramos y contemplamos las benditas imágenes de nuestra Semana Santa, si lo hacemos de verdad, no tenemos mas remedio que descubrir lo poco que somos, y lo mucho que queda por recorrer en el corresponder a Dios desde su Misericordia infinita.
Hablar de la Pasión, Muerte y Resurrección, es hablar de los artículos centrales de nuestro Credo Cristiano, el fundamento de nuestra fe; tanto que “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.
El Misterio Pascual de Cristo nos habla de que Él, tomó un cuerpo en el seno virginal de María para poderlo ofrecer en sacrificio por las atrocidades del mundo.
Con la aceptación de la Voluntad del Padre, por parte de Jesús, el aceptar beber el cáliz de su pasión, expresa el cúlmen, su amor al Padre y a la humanidad, de esta manera su Muerte da Vida a los que estamos muertos por culpa de nuestros pecados.
Hablar de Cristo crucificado, es hablar de Cristo resucitado. Nuestro Dios es un Dios que murió, pero no un Dios que está “muerto”; la Resurrección de Cristo es el acto final que explica y da sentido a todo el drama que llamamos Misterio Pascual de Cristo.
Todos nosotros, al ser hijos de Dios, al ser bautizados, somos incorporados a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es desde aquí, desde esta luz, donde quedan iluminadas todas las vidas, las muertes, los sufrimientos y las alegrías del género humano. El Misterio de Cristo Jesús es nuestro misterio.
Nuestra meta, la meta de todo Cofrade, es la Resurrección de Cristo, nuestra propia resurrección a la vida de Gracia, nuestro acercamiento continuo a Dios a través de la vida de fe. El creer firmemente en la Resurrección de Cristo compromete nuestra vida hasta el fondo. Este es el reto: pasar de la pasión y muerte en nuestra vida a la Resurrección en Jesús.
Pido a vuestra titular, la Virgen Bendita, María del Socorro que nos ayude a todos a descubrir y vivir el núcleo de nuestra fe: Saber que estamos hechos para la vida en Dios. A la Madre de todos, que nos socorre en todo momento, le pido que nos ayude a sentir en el alma la Alegría profunda que Ella sintió en la mañana de Resurrección con la noticia que cambió el rumbo de la historia: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que es la Vida?, no está aquí, ha Resucitado”.
María, socorre nuestras debilidades, e intercede por nosotros para que en estos días se fortalezca nuestra fe, y podamos ser auténticos testigos del Resucitado, del Dios de la Vida, del Dios con Nosotros.
Zacarías Romero Arroyo
Consiliario de la Cofradía

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